Jennifer y Jessica: Almas Gemelas, un Sueño Compartido
Hay vínculos que el tiempo no puede desgastar ni la distancia borrar. Así es el lazo entre Jennifer y Jessica, hermanas gemelas nacidas en Santuario Risaralda, Colombia, que han convertido su historia en un testimonio de amor, unión y propósito compartido. Su conexión trasciende lo físico y lo emocional: es una fuerza que las guía, las impulsa y las mantiene unidas incluso cuando la vida las ha llevado por caminos diferentes. Hoy, esa conexión tiene nombre propio: Soulmates Studio, un espacio donde cada detalle está impregnado del cariño, la empatía y la energía que las define.
Raíces que florecen en el amor
Jennifer y Jessica vivieron su infancia en Colombia, bajo el abrigo de su abuela Flor de María, una mujer que ha marcado sus vidas con ternura, disciplina y valores sólidos. Mientras su madre emigraba a Inglaterra en busca de un futuro mejor, ellas crecieron rodeadas de afecto, entre risas y juegos en una casa que estaba llena de amor.
“Fuimos niñas felices y consentidas”, recuerdan. Aquellos años con su abuela fueron más que una etapa: fueron el cimiento de quienes son hoy. En cada gesto amable, en su forma de atender a los demás, se nota la herencia de esa mujer que las crió con el corazón y que sembró en ellas la importancia del cuidado y la conexión humana.
El primer adiós
A los doce años, la vida les presentó su primer gran desafío. Tuvieron que dejar atrás su tierra natal para reencontrarse con su madre en España. Allí pasaron su adolescencia, adaptándose a una nueva cultura, nuevas costumbres y una nueva vida. Sin embargo, su complicidad seguía intacta. En la escuela nadie podía distinguirlas, y más de una vez se “intercambiaban responsabilidades escolares” sin que nadie lo notara.
Eran dos mitades perfectas que funcionaban mejor juntas.
Pero el destino quiso probar ese vínculo cuando, al terminar la secundaria, Jennifer decidió regresar a Colombia para continuar sus estudios superiores, mientras Jessica permaneció en España. Fue la primera vez que se separaron. Y aunque el océano las distanciaba, su conexión seguía intacta: cuando una sentía tristeza o ansiedad, la otra lo percibía, y sin saber por qué, tomaba el teléfono para llamar justo en ese momento.
El reencuentro y el milagro de Tomás
Cinco años después, la vida las volvió a unir de una forma inesperada. Un día, Jessica recibió una llamada de su hermana. Sin siquiera escuchar las primeras palabras, le dijo: “¿Cuál es la urgencia, estás embarazada, ¿verdad?”. Jennifer guardó silencio unos segundos antes de responder: “Sí”.
Aquella intuición, tan mágica como natural entre ellas, marcó el inicio de un nuevo capítulo. Jessica viajó a Colombia para acompañar a su hermana durante el embarazo, y juntas celebraron el nacimiento de Tomás, a quien ambas consideran como un hijo compartido. “Él fue nuestro reencuentro, nuestro milagro”, dicen. Desde entonces, su unión se fortaleció aún más.
Con el paso del tiempo, Jessica también experimentó el milagro de la maternidad con la llegada de su hija Belén, una niña muy buscada y profundamente deseada. “Con Belén sentí el amor más puro, ese que solo una madre entiende”, confiesa. Su llegada llenó su vida de ternura y le permitió vivir, desde su propio corazón, ese amor incondicional que había acompañado tan de cerca en la maternidad de su hermana. Hoy, ver a Tomás y Belén crecer juntos es para ambas una bendición que refuerza el vínculo que siempre las ha unido como hermanas y como madres.
Con el tiempo, la vida volvió a reunir a la familia de una manera aún más profunda. Aunque durante muchos años habían vivido separadas de su madre, la historia dio un giro hermoso: ya establecidas en Estados Unidos, su madre decidió dejar Londres y mudarse junto a ellas, acompañada de su hijo menor, Daniel. Hoy disfrutan nuevamente de su presencia, compartiendo tiempo con sus hijas y nietos, completando así el círculo familiar que durante años habían soñado tener cerca.
Del sueño compartido al propósito de vida
La vida profesional las llevó por distintos caminos, pero siempre juntas. Desde muy jóvenes, sintieron una inclinación por el mundo de la belleza y el bienestar. La estética no era para ellas solo una cuestión de apariencia, sino una forma de hacer sentir bien a los demás. “Nos gusta cuidar, consentir, escuchar… y eso se nota en lo que hacemos”, cuentan.
Cuando Jennifer emigró a Estados Unidos junto a su esposo e hijo, volvieron a vivir una separación, aunque esta vez temporal. Dos años después, Jessica también llegó al país, y el destino volvió a unirlas bajo un mismo propósito. Trabajaron en diferentes lugares hasta que decidieron prepararse profesionalmente y certificarse en el área de la belleza, con el sueño claro de crear su propio espacio. Así nació Soulmates Studio, un nombre que refleja no solo su vínculo como gemelas, sino la conexión que buscan crear con cada mujer que entra por sus puertas.
El arte de emprender juntas
Tener un negocio en familia es un viaje tan hermoso como desafiante. Para Jennifer y Jessica, ha significado descubrir nuevas facetas de sí mismas y aprender a equilibrar la relación personal con la profesional ya que ambas están casadas con esposos que apoyan de igual manera este sueño en familia.
Jessica es la mente analítica y racional; Jennifer, la más emocional y arriesgada. “Somos diferentes, pero nos complementamos perfectamente”, dicen entre risas. Esa dualidad se refleja en la armonía con la que dirigen su estudio: cada una tiene sus responsabilidades definidas y un profundo respeto por el rol de la otra.
Para ellas, la puntualidad y el respeto son valores no negociables tanto en su vida personal como profesional. Creen firmemente que el tiempo de las personas merece la misma consideración que el propio, y han transmitido esa filosofía a su equipo y a sus clientas. “Cumplir lo que prometemos, llegar a tiempo, respetar el espacio y la energía de los demás… eso también es parte de la belleza”, afirman.

