Alison Velazquez: Del silencio, al poder de su propia voz

Nacida en Brasil, criada en Virginia, y forjada por la vida misma, Alison Velazquez no es solo una agente de bienes raíces: es una mujer que ha convertido cada desafío en una oportunidad para crecer, sanar y guiar a otros con su ejemplo. Su historia no es solo inspiradora, es una guía viva de lo que significa levantarse, brillar y nunca renunciar al llamado de tu propósito.

 

Desde sus primeros días, la vida de Alison fue una sinfonía multicultural. Hija de madre peruana y padre estadounidense, nació en Río de Janeiro, Brasil, mientras sus padres trabajaban allí. Sin embargo, su familia se trasladó a Virginia, donde creció en un entorno estructurado, dividido entre dos mundos: la calidez de una madre libre, creativa y alentadora, y la firme disciplina de un padre meticuloso. Aunque sus padres se divorciaron pronto, ambos le enseñaron lecciones fundamentales que hoy guían su vida, así como las enseñanzas de su madrastra:  integridad, honestidad, y el valor incalculable de la alegría diaria y el tiempo en familia.

 

Pero la verdadera transformación de Alison comenzó a los 17 años, cuando descubrió que estaba embarazada mientras aún cursaba su último año de secundaria. Para muchos, ese momento habría sido el final de una historia; para Alison, fue solo el inicio. "Me decían si iba a abandonar los estudios... y yo respondía: 'Tomé una mala decisión, pero el resto de mi cerebro sigue funcionando'." A los ocho meses de embarazo, caminó por el escenario y recibió su diploma académico avanzado, desafiando todas las estadísticas y expectativas que pesaban sobre una madre adolescente.

 

Su viaje hacia la maternidad continuó con el nacimiento de sus dos siguientes hijos antes de cumplir los 25. Kalum, Kameron y Kasey se convirtieron en su motor, su razón, su impulso diario. “No tuve tiempo para descubrirme como muchas otras mujeres; no hubo viajes, ni exploraciones personales... solo la necesidad de cuidar, proveer y no fallar.”

 

Los retos no se hicieron esperar. Como madre soltera durante gran parte de su vida, Alison enfrentó no solo la carga emocional y física, sino también los juicios externos. Desde ser ignorada en eventos escolares hasta enfrentar incredulidad al decir que era madre de tres, su juventud era motivo de duda y subestimación. Y aun así, jamás se rindió. “Nunca tuve ese período de mi vida en que uno descubre quién es, pero descubrí algo aún más poderoso: quién tenía que ser.”

Ante la falta de apoyo total por parte de sus exparejas, Alison asumió el doble rol de madre y padre. Lo hizo a costa de su propio descanso, trabajando de noche para poder estar presente cada mañana. Aprendió que no hay espacio para las excusas cuando la vida de tres pequeños depende de ti. Sin embargo, también descubrió que el cansancio no se combate solo con café, sino con propósito.

 

Ese propósito empezó a tomar forma cuando, por casualidad, escuchó una conversación que cambiaría su destino. El novio de su madre les comentó que solo recibiría $5,000 de comisión de una que vendió esto despertó su curiosidad. “Dije: ‘¡Yo acepto cualquier cheque! ¿De qué estás hablando?’”. Se inscribió en el curso de licenciamiento, aprobó el examen en su primer intento, y así comenzó su carrera en bienes raíces, una profesión que no solo le dio independencia financiera, sino la posibilidad de ser arquitecta de futuros para otras familias.

 

No todo fue fácil. “Nadie te enseña cómo llenar contratos o generar clientes. Estás prácticamente sola. Pero eso me enseñó algo vital: la autodisciplina es tu mejor aliada.” Y como mujer en el mundo competitivo del sector inmobiliario —especialmente en el campo comercial dominado por hombres—, Alison ha tenido que luchar por cada espacio, por cada oportunidad. “Sí, el sistema no está diseñado para mujeres como yo. Pero eso solo me hizo más determinada.”

 

A lo largo de los años, ha desarrollado sistemas de organización rigurosos, automatizado tareas, y sobre todo, se ha convertido en su mejor jefa. Sin embargo, también aprendió que el éxito sin equilibrio no vale la pena. El yoga, la meditación y su conexión profunda con la naturaleza han sido anclas en su vida. “Estar en silencio contigo misma, darte permiso para parar, te transforma. No es egoísmo; es supervivencia.”

 

Esa búsqueda de bienestar la llevó a reconectar consigo misma de una forma más profunda. “Saber tu valor y tu poder cambia el juego. Como madres, a veces nos perdemos. Nos volvemos cuidadoras eternas, y nos olvidamos de ser mujeres, de ser humanas.”

Hoy, Alison no solo ha creado una carrera sólida como corredora de bienes raíces y fundado su propia empresa. Ha construido una vida de impacto, autenticidad y ejemplo. Para ella, el legado que deja a sus hijos no se mide en logros materiales, sino en la forma en que enfrentó cada adversidad con dignidad y determinación. “Les he enseñado que no se trata de evitar las caídas, sino de levantarse cada vez con más fuerza.”

 

A otras mujeres que caminan el sendero de la maternidad en soledad, les ofrece una verdad sin adornos, pero llena de poder: “La soledad no es estar sola, es sentir que nadie te escucha. Pero tú puedes cambiar eso. Nadie vendrá a salvarte, pero tú tienes la fuerza para salvarte a ti misma. Busca apoyo, toma acción, y sobre todo, cree: sí puedes. Lo has hecho hasta ahora, y puedes seguir haciéndolo.”

 

Al preguntarle qué ha sido lo más difícil de dejar atrás, Alison responde sin titubear: “Lo que ya no me sirve. Relaciones, trabajos, ambientes que me arrastraban hacia atrás. Aprendí a soltar sin culpa.”

 

En un mundo donde tantas mujeres se debaten entre deber y deseo, entre sobrevivir y florecer, Alison Velázquez es el recordatorio de que ambas cosas son posibles. Que no hay guión perfecto, pero sí un propósito inquebrantable que cada mujer puede cumplir.

 

Su historia no solo empodera. Su historia sana, inspira y deja una semilla: la de una mujer que, contra todo pronóstico, decidió elegir su voz, su poder y su camino.

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